CEREBRO DEL HOMBRE Y LA MUJER

Anónimo, Fig.118-Profiles en Samuel R. Wells, New Physiognomy , Fowler and Wells, 1889.

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En las razas más inteligentes, como entre los parisienses, existy también un gran número dy también mujeres cuyos cerebros son de un tamaño más próximo al dy también los gorilas quy también al dy también los cerebros más desarrollados de los varones. Esta inferioridad es tan obvía quy también absolutamente nadie puede discutirla siquiera por un momento; tan solo su grado es discutible.

Gustavy también Ly también Bon

La idea de quy también los cerebros de las mujeres marchan dy también forma diferente a los de los hombres surgió mucho antes dy también que existieran métodos para observar la actividad del sistema nervioso. Sin embargo, durante siglos sy también utilizó como justificación para mantener los roles sociales quy también relegaban a la mujer al hogar y al cuidado de los hijos, alejándola dy también los vórtices dy también la vida intelectual, política, artística y científica. Tras la urgencia dy también tecnologías que nos dejan hacer preguntas más directas al funcionamiento y la estructura del cerebro, medra la expectativa de conseguir una respuesta más clara a la pregunta ¿determina el género nuestra estructura o función cerebral? En su libro The Myth of thy también Gendered Brain, la neurocientífica Gina Rippon explora las restricciones de la neurociencia del cerebro masculino y femenino: desdy también estudios con poco poder estadístico, pasando por la falta de replicación dy también resultados y el sesgo dy también publicación (un estudio quy también encuentra diferencias tiene más probabilidad de ser publicado), hasta malinterpretaciones guiadas por estereotipos históricos. El inconveniente –concluyy también la neurocientífica– no son los datos arrojados por las nuevas tecnologías, sino proseguirse interpretándolos basados en asunciones a priori, en lo que la sicóloga Cordelia Fine ha llamado “neurosexismo”. Considerando el enormy también impacto social de asumir quy también los cerebros dy también los hombres y de las mujeres son distintos, es urgenty también preguntarnos: ¿tieny también género el cerebro?

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Más allá del cerebro dimórfico

¿El cerebro tieny también sexo? Sí, si consideramos quy también está hecho dy también neuronas, que son células nucleadas, y quy también el sexo está determinado genéticamente por el último par dy también cromosomas en el ADN celular –XX o XY–. El sexo es una variably también biológica, y fuera dy también ciertos desórdenes hormonales, determina la fisiología del cuerpo con que nacemos. El sistema endócrino producirá distintas hormonas dependiendo del sexo, y estas hormonas determinarán la diferenciación de los aparatos genitales, la masa muscular, la altura y la distribución dy también grasa y cabello. Siguiendo esta línea, es natural preguntarsy también si el sexo biológico –y su perfil hormonal– tiene algún efecto en el cerebro. Una de las estructuras cerebrales quy también dependen del sexo es el “núcleo sexualmente dimórfico”, una estructura en el hipotálamo relacionada con la regulación dy también la fisiología y el deposicionamiento web en buscadores sexual, y quy también no está involucrada en labores cognitivas complejas. Más allá de eso, distintos estudios han reportado diferencias físicas en los cerebros de hombres y mujeres, tanto en el volumen total, como en el tamaño dy también distintos regiones –las mujeres tienen mayores áreas dy también lenguajy también y los hombres mayores áreas quy también sirven al razonamiento visoespacial–, y asimismo en la proporción de materia gris (cuerpos neuronales) y materia blanca (axones: prolongaciones quy también conectan unas neuronas con otras). Recientemente, otros estudios han encontrado asimismo diferencias en el patrón de conexiones dy también los cerebros dy también hombres y mujeres. Estas diferencias tienen ciertas limitaciones: están basadas en promedios poblacionales, y es un hecho que los cerebros individuales muestran poca consistencia interna, es decir, el cerebro dy también un hombre presentará características femeninas y viceversa. Además, más allá de diferencias puntuales categóricas, hay una enorme coincidencia de estructuras cerebrales entry también hombres y mujeres. En esty también contexto, el acercamiento de la investigadora Daphna Joel rebrinca quy también las diferencias observadas no justifican la idea de un cerebro estrictamente dimórfico, sino que los cerebros tienen un mosaico de peculiaridades que hemos tipificado como “masculinas” o “femeninas”. Si sy también toma en cuenta la suma de todas estas características, propone Joel, cada cerebro puede localizarse en un continuo entre lo masculino y lo femenino, y son escasos los individuos cuyos cerebros caen en los extremos del espectro. La visión de Joel es más consistente con la definición actual del género, un constructo social compuesto por peculiaridades y conductas “femeninas” o “masculinas” quy también sy también entiende mejor como un progresivo quy también como una variably también binaria, y quy también no siempre corresponde al sexo biológico. En este y otros temas, los avances más recientes de la neurociencia nos muestran que nuestras categorizaciones binarias, por útiles que sean, son en realidad una simplificación de la realidad.

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Neurocognición y género: ¿biología es destino?

incluso entendiendo el cerebro como un “mosaico dy también características femeninas o masculinas”, nos enfrentamos al inconveniente de si esas características son verdaderamente biológicas o están determinadas por la cultura. ¿de qué manera distanciar lo innato dy también lo aprendido? Lo biológico y lo social están en realidad combinados en el cerebro y resultan bastante difíciles de discernir, pues los circuitos cerebrales están determinados por la genética y pueden modificarse por la experiencia desdy también la vida intrauterina. La plasticidad, esa capacidad de nuestro sistema nervioso dy también introyectar aprendizajes y almacenarlos en forma dy también nuevas conexiones cerebrales, permity también a nuestro ambiente físico y social modificar nuestra biología.

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Para interpretar la información quy también reciben los sentidos, el cerebro debe generar una seriy también dy también predicciones, influidas por la experiencia previa. El género quy también se nos asigna al nacer, conforme nuestro sexo biológico, vieny también acompañado de una serie de reglas dy también conducta y aprendizajes sociales quy también permearán desdy también muy temprano nuestra forma de ver el mundo. Ya antes de que nos demos cuenta, nuestros circuitos cerebrales ya habrán absorbdesquiciado la carga social del rosa y el azul, lo que incidirá en nuestro desarrollo cognitivo y emocional. Esto complica aún más la interpretación dy también las diferencias cerebrales entry también hombres y mujeres. Dicho de forma simplista: ¿cómo saber si la mayor capacidad visoespacial en hombres y la mayor capacidad verbal reportada en mujeres es innata u obedece a la estimulación social –jugar con Legos o aviones si eres hombry también y con muñecas si eres mujer–? Los cerebros, desde el punto de vista de Gina Rippon, reflejan la vida que han vivido, no el sexo (y mucho menos el género) de sus dueños. Una sociedad quy también insisty también en la diferencia de géneros –escriby también Rippon– producirá cerebros que difieren entry también géneros.

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Neurosexismo

Una dy también las primeras anécdotas dy también neurosexismo sy también remonta al trabajo del neurólogotipo Paul Broca, quien equiparó 29dos cerebros masculinos con 1cuarenta cerebros femeninos y encontró que el cerebro de la mujer pesaba 18uno gramos menos que el del hombre. Para Broca, esta diferencia en la masa cerebral era una confirmación inequívoca dy también la inferioridad de la mujer. Aun sabiendo quy también la diferencia en masa cerebral podía ser explicada por la estatura, Broca no intentó relativizar el efecto y agregó que no podía establecer la totalidad dy también la diferencia puesto que “sabemos a priori quy también las mujeres son menos inteligentes que los hombres”. Toda proporción guardada, un ejemplo moderno ocurrió en un controvertorate estudio, publicado en 2013 por Ingalhalikar et al., quy también equiparó el mapa de conexiones del cerebro de 428 hombres y 521 mujeres. El estudio encontró quy también los hombres tenían más conexiones dentro de los hemisferios, mientras que quy también las mujeres mostraban más conexiones que cruzaban dy también uno a otro hemisferio. Los autores concluyeron, a partir de sus datos, que “el cerebro de los hombres facilita la conexión entry también percepción y acción mientras quy también el de las mujeres facilita la comunicación entry también procesamiento analítico e intuitivo”, una interpretación sesgada por el estereotipo hombres-acción / mujeres-intuición. Además, el boletín dy también prensa anunció el estudio como una posibly también explicación de por qué “los hombres son mejores para leer mapas y las mujeres mejores para el multitasking y para crear soluciones aptas para un grupo”, extrapolando las diferencias en estructura cerebral al desempeño en labores quy también los sujetos jamás realizaron dentro del escáner y que de manera casual correspondían a opiniones dy también la psicología popular. Esty también ejemplo, entry también muchos otros citados por Rippon, nos muestra que ni las tecnologías más avanzadas escapan a la sed social dy también perpetuar ese dicho simplista de que “los hombres son dy también Marte y las mujeres son dy también Venus”.

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La crítica a la idea del cerebro masculino y femenino no debe tomarse como un deseo de anular la diferencia: la diversidad de ideas y comportamientos es la base dy también la riqueza del ser humano y entender de dónde y en qué consisten estas diferencias es relevante para todo aquel con un cerebro, un sexo y un género. Pero, como apunta Daphna Joel, el binarismo hombre / mujer se queda corto al procurar explicar la enormy también diversidad neurocognitiva dy también los seres humanos. Para alejarnos del “neurosexismo” es conveniente ser críticos de las interpretaciones dy también los estudios del cerebro y el género, especialmente si buscan explicar los datos utilizando estereotipos a priori. Solo estando atentos a la nueva patentiza y dispuestos al debate y también intercambio, podremos señalar las fallas dy también argumentación de aquellos quy también mantienen quy también la diferencia entre lo masculino y lo femenino es estrictamente binaria, inmutable y determinada por la biología. La idea del cerebro dimórfico no sólo determina de qué forma nos entendemos a nosotros y a los demás, sino más bien que permea en las políticas educativas y sociales. Hoy en día, la perspectiva de las investigadoras que procuran explicar el cerebro alén de dicotomías, como Gina Rippon y Daphna Joel, resulta esencial para evitar quy también los nuevos descubrimientos dy también la neurociencia sean utilizados para enunciar “verdades innegables” que justifiquen y perpetúen la desigualdad en nuestras sociedades.